Casper

28.03.2026

Casper. Mi refugio, mi calma. 

En tu mirada había algo que no era de este mundo. No mirabas a los ojos… mirabas al alma.

Tus ronroneos eran ese sonido invisible que aquietaba mi mente, como si supieras emitir la vibración exacta para devolverme a la calma. Acariciar tu pelo, suave y esponjoso, regulaba mi intensidad.

Me acompañaste en las clases de Cábala durante cuatro años. No eras solo compañía, estudiabas conmigo. A medida que avanzábamos en las clases de cábala y analizábamos nuevos temas, cuando llegó Guevurá comprendí algo contigo. No necesitabas bufar ni emitir grades sonidos para marcar sus límites. Lo hacías sin desafiar pero con una templanza que impresionaba.

Todos en casa te respetábamos mucho. No era miedo a un bufido o araño. Te respetábamos por tu amor en los límites. Yo te decía: "Caspercito, yo quiero ser como tú. ¿Cómo lo haces?"

Obviamente no era un conocimiento aplicado, ni un aprendizaje entrenado, tal vez, era tu serenidad y convicción en sonido, mirada o posición, aún no lo sé.

El 18 de febrero, a pesar de lo que los veterinarios dijeron, yo decidí respetarte por encima de todo. Tu proceso había comenzado, pero aún tenías que graduarte conmigo. Y así lo hicimos, ese mismo día nos graduamos. 

Y ahora entiendo que tú no solo terminaste un ciclo… Tú te marchas como un gran maestro, mientras yo continúo como aprendiz, recordándote en cada letra.

Hoy, no puedo rechazar tu partida. Rechazarla sería rechazar también esa chispa divina que habitaba en ti, porque respetar tu tiempo, también es honrarte.

Sin embargo, también tengo que permitirme sentir el dolor de tu marcha, extrañarte, buscarte donde dormías, donde comías, donde tomabas el sol... Percibir tu suavidad en tu ausencia y recordarte  desde el olor que siempre habitará en mi memoria. Ese aroma a bebé esponjoso.

Hoy, necesito llorarte... permitir que la presión de mi pecho se libere para dejar espacio al lenguaje del amor. Ese que tú conocías y sabías transmitir con excelencia.

Hoy, tu cuerpo no está, pero tu alma permanece junto a la mía en la eternidad.

Shalom Casper.

Que tu luz regrese al Or del que vino,

 y que en cada sendero del Árbol donde ahora habites, 

sigas susurrando paz a mi alma.


Share